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Un barrio de La Habana, Cuba. Foto: elcalce.com

Creo que todos están de acuerdo conmigo cuando afirmo que la reciente visita del presidente Obama a Cuba continúa siendo “trending topic” en internet. Dicho acontecimiento ha dado mucho que hablar en todos los rincones del planeta, especialmente en las orillas de los dos países implicados “Cuba y Estados Unidos”. El 22 de marzo último, instantes después de finalizado el discurso ofrecido frente a la “sociedad civil” cubana por el inquilino de la Casa Blanca en el Teatro Alicia Alonso de La Habana, los medios de prensa de todo el mundo se hicieron eco de sus palabras y rápidamente comenzaron a salir al aire opiniones tanto a favor como en contra de lo expresado allí.  Tuve el placer de estar presente en ese discurso; de ser parte de la historia y de tener la libertad de escuchar las palabras directamente sin que un medio de prensa con intereses específicos me ofreciera una información manipulada. Respetando las opiniones de otras personas, creo que se dijeron muchas cosas que necesitaban ser dichas; cosas que muchos cubanos necesitaban escuchar; pues, aunque otros se sienten incómodos con sus palabras, ese hombre que habló en La Habana también trajo esperanza. Cuando se refería a “dejar el pasado atrás” y a “ofrecer su mano de amistad al pueblo cubano” es fácil de interpretar, no hay que asistir a la universidad para darse cuenta del peso y la importancia de esas palabras. Él y todos conocemos la historia; conocemos la sangre cubana que ha caído en manos de norteamericanos, conocemos los muchos atentados y ataques terroristas; pero no podemos vivir atados a ellos; necesitamos dejar el pasado atrás, pues eso nos impedirá crear un futuro. Siempre existirán las diferencias entre el gobierno cubano y el estadounidense, los cuales defienden sistemas opuestos y tienen concepciones diferentes de las políticas y leyes a implementar. Cuando Obama ofreció su mano de amistad al pueblo cubano no dijo que nos regalaría nada; simplemente que su política cambió, antes querían destruir el gobierno y como daño colateral era el pueblo quien sufría las consecuencias, ahora las reglas han cambiado; “ayudo al pueblo” y el resto vendrá solo. Han pasado casi 60 años desde que la Revolución Cubana triunfó en enero de 1959 y siempre hemos vivido aislados de los Estados Unidos debido a las diferencias de políticas; es tiempo de dejar tantos años de violencia atrás y ver que a tan solo 90 millas de Cuba viven más de 2 millones de cubanos que tienen familia en la isla; y que han estado separados por años sin tener culpa de nada. Señores políticos de ambos países; mientras ustedes “juegan a ver quién es más fuerte” los cubanos de ambos lados somos los que sufrimos las consecuencias; tanto del embargo, como de las malas políticas del gobierno cubano; el que ha demostrado ser incapaz de hacer crecer su economía, y capaz de impedir a sus ciudadanos optar por una mejor calidad de vida; no olvidemos los más de 8000 cubanos varados en Costa Rica durante los últimos meses (los cuales son una ínfima parte del total de migrantes cubanos); ellos salieron de Cuba en busca de un futuro mejor; uno que sin duda alguna la mayoría quisieran tenerlo en su país, pero se les impide. Soy joven y orgulloso de ser cubano; pero necesitamos un cambio rotundo y pronto; pues no estamos dispuestos a vivir sin condiciones; vivir no es solo salud y educación; vivir es tener el derecho de optar por una mejor calidad de vida, es crear, es poder pensar y opinar libremente; en fin, vivir es hacer revolución; y según Fidel Castro “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. He de reconocer los inmensos logros de la Revolución en los campos de la Educación y la Medicina, así como la Cultura; pero tenemos que comprender que no solo de eso se mantiene un pueblo; que los cubanos necesitan poder vivir su país, su vida, su historia; quieren tener la oportunidad de crecer como sociedad, de que su voz sea escuchada, de que su pequeño negocio privado se convierta en una cadena de negocios, de tener el derecho de elegir quien lo represente, de mantener dignamente a su familia sin tener que robar en su centro laboral. No perderemos jamás el patriotismo ni el espíritu democrático que nos inculcó Martí; solo nosotros podemos solucionar nuestros problemas.

Es penoso que tenga que venir un extranjero a decirnos que debemos hacer para mejorar como sociedad, como pueblo. Es lógico que su discurso siempre esconderá en sus palabras los mensajes que definen su política para con Cuba. Estamos en un período de constantes cambios en nuestro país; un período que ha decir verdad nadie sabe cómo terminará ni qué futuro nos espera. Es tiempo de dejar viejas políticas atrás y escuchar la opinión de todos para crear algo mejor, de dar paso a la juventud; de juntar ideas y desarrollarnos como país; pero eso solo será posible si se deja descansar ese fantasma que nos agobia.

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